Argentina | 23 de noviembre de 2011
Fuente: Tortilla con Sal
Caminamos dentro de la fábrica de Grissinopoli, ubicada en un típico barrio de Buenos Aires. Ivana Agüero y sus 20 compañeros y compañeras estaban eufóricos de felicidad ese día. El anterior, las camionetas habían salido de la fábrica con su primera producción de bizcochos y galletas, algo así como una tonelada y media. Y sin el Patrón dando órdenes.
Fue hace casi diez años cuando llegué, ese día histórico, a la “Cooperativa la Nueva Esperanza, Grissinopoli”. Pude compartir con más de 700 representantes la primera Conferencia Nacional de Fábricas Recuperadas por los obreros.
2002: Trabajadores y trabajadoras orgullosas de haber recuperado las empresas donde trabajaban, reunidos en Grissinopoli en medio de la profunda crisis capitalista. Foto: D.E. REPRESENTABAN APROXIMADAMENTE A 10.000 trabajadores de toda Argentina, literalmente víctimas del modelo destructivo neoliberal que destruyó y desmontó una gran parte del sector productivo del país. Hoy, 2011, son 20.000 trabajadores que en sus empresas se sostienen en una lucha ardua y complicada para sobrevivir en un mar capitalista.
En ese entonces, 2002, pregunté a Ivana si era posible mantener la producción en un país que había caído en la más profunda crisis económica como la que pasaba entonces en Argentina, donde el pueblo, poco antes, había tumbado 4-5 gobiernos en cuestión de días. Mucho más teniendo en cuenta que la gente lo primero que recorta, en esos trances económicos tan duros, son las cosas que no revisten importancia extrema, como por ejemplo podrían ser las galletitas y los bizcochos. – Entendemos las dificultades pero debemos intentar, tenemos que salir para sacar nuestros productos al mercado y los bizcochos de Grissinopoli tienen fama. No tenemos otra alternativa si no, estamos perdidos. Todos los compañeros en la fábrica entienden eso, decía hace diez años. Cuando nos encontramos nuevamente, a principio del mes de abril de 2011, se ve más gastada por lo arduo de su tarea, pero al mismo tiempo con la misma firmeza y orgullo que la acompañaba desde el 2002. Y ya lleva 35 años trabajando en Grissinopoli.
– Estamos sumamente felices y tu mismo eres un testigo de las enormes dificultades que tuvimos los primeros años. Pero hoy hierve de actividad en la fábrica. Si recuerdas, el parlamentario de Buenos Aires, Crespo Campo, decía hace diez años que los trabajadores no tenían capacidad ni cerebro capaz de permitirles llevar una empresa adelante. Pero comprobamos lo contrario, dice Ivana con una expresión en su rostro que pocos se atreverían a cuestionar.
Y EL VIEJO DICHO ¡“Trabajadores sí son necesarios, pero capitalistas no”! es hoy un lineamiento para la mayoría de las cooperativas que florecieron en toda Argentina entre el 2001 y el 2002. Decía Ivana, ese año, que “los clientes tienen que confiar más en los trabajadores que en los dueños, porque los últimos se preocupan más por sus ganancias, no porque que el país salga de la crisis”.
En esos años duros, los trabajadores pagaron de su bolsillo para comprar trigo y levadura para poder realizar la primera producción. No cancelaron un solo sueldo los primeros seis meses. Al llegar en 2011 pude ver que dos grandes camiones, llenos de bolsas de 50 kilos de trigo, eran descargados en la fábrica. – En la reunión mensual reciente de la cooperativa, decidimos introducir un nuevo turno y emplear 15 trabajadores más. Hasta ahora hemos trabajado en turnos de doce horas para poder entregar lo contratado. Pero ya no podemos más, dice Marina Pino.
ELLA HA TRABAJADO CASI 40 AÑOS en Grissinopoli y fue la primera presidenta de la cooperativa durante cinco años. Es una mujer elegante, formada en administración de empresa y se encarga de la mayor parte del trabajo en la oficina, junto con la única secretaria en Grissinopoli. Aunque debe ser la trabajadora con más preparación, en Grissinópoli, recibe el mismo salario que los demás trabajadores, un sagrado principio para la cooperativa es el de la igualdad. Pero no es la única mujer que haya dirigido la fábrica durante estos diez años, son en total tres mujeres que han tenido ese cargo y de los 20 empleados sólo cinco son mujeres.
– Juntas y juntos manejamos este gran barco que es como el Titanic, comentaba Ivana con una gran carcajada optimista. ¿Cuánto gana un obrero en Grissinopoli hoy? Pregunté. – Si alguien acá buscara un empleo en el mercado laboral de hoy, perdería la mitad de su sueldo. Pero haber llegado hasta donde estamos ahora, nos ha costado muchos problemas y sudor, resumía María Pino E Ivana agregó: – Hoy podemos dedicar mucho más tiempo para la familia que durante los primeros años que fueron durísimos. No solamente hemos recuperado y reconquistado nuestros trabajos, sino también una calidad de vida que no teníamos antes. Ya nadie nos explota.
Categorías: Trabajadores

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