Colombia | 30 de enero de 2012
Por: Camilo Raigozo
Un gobierno con un mínimo de grandeza, moral y ética, ya hubiera hecho lo que estuviera a su alcance, sin ninguna reserva, para que sus propios soldados y policías, privados de la libertad en manos de sus adversarios en acciones del conflicto, regresen a sus hogares sanos y salvos en el menor tiempo posible.
Hasta el gobierno israelí canjeó en octubre pasado a 1.027 presos palestinos por uno solo de sus soldados. Pero para eso es necesario tener un mínimo de moral, ética, grandeza, sentido de patria y humanismo, que al parecer es de lo que carecen tanto el presidente Santos como su ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón.
Una vez se conoció que las FARC liberarían de forma unilateral a seis miembros de la Fuerza Pública que mantienen privados de la libertad por acciones del conflicto, el show mediático del Gobierno no se hizo esperar, aprovechando las cajas de resonancia de los medios.
El miércoles 25 de enero, por ejemplo, en rueda de prensa el ministro Pinzón, en tono arrogante, dijo entre otras cosas que “no hace falta un “show mediático” para que se logre la liberación de los plagiados. Uno no entiende como utilizan expresiones humanitarias cuando han tenido a esta gente sometida al flagelo del secuestro”.
Pinzón hizo esas afirmaciones después de que se conoció un mensaje de “Iván Márquez”, comandante de las FARC, en el que dio a conocer otros tres nombres de las seis personas que van a liberar de forma unilateral y en el que además le planteó al Gobierno firmar los protocolos y facilitar la logística para poder llevar a cabo los operativos de liberación.
Sin embargo, el ministro del Interior Germán Vargas Lleras, el de Defensa Juan Carlos Pinzón y el propio presidente Santos han venido dilatando mediante excusas la agilización de los pasos necesarios.
Una de las excusas expuestas por el Gobierno es su negativa a que otro país preste su ayuda en materia de transporte, la cual es necesaria por las características que ha tenido la evolución del conflicto colombiano
Un gobierno serio, que en verdad desea que sus propios agentes regresen a la libertad lo más pronto posible, no solamente no se opondría a la cooperación de algún un país amigo, como lo hicieron en el pasado Venezuela y Brasil, sino que sería él mismo quien estuviera buscando esa ayuda.
En vista de esa posición intransigente y arrogante de Santos y de Pinzón, Colombianas y Colombianos por la Paz buscaba cómo conseguir recursos económicos, tanto de empresarios privados colombianos como del exterior, para pagar un helicóptero privado para ir por los liberados.
Pero inmediatamente tanto el Presidente como el ministro de Defensa le salieron al paso a esta alternativa.
Ayer el jefe de la cartera de la Defensa consideró que es innecesario buscar financiación externa para hacer frente a la logística de las próximas liberaciones, “pues el país está preparado para abordar esta tarea”.
“Lo único que se necesita para la liberación de los secuestrados es que las FARC cumplan con su palabra (…) Si nos dicen hoy mismo los recogemos, no se necesita un show, ni de la intervención de otros países”, dijo el ministro en su espectáculo mediático.
Pero el presiente Santos fue más allá. Además de oponerse a la cooperación de otro país y del posible financiamiento privado para transportar a los liberados, prohibió cualquier acción en aras de la paz. Incluso prohibió hablar de paz. Más arbitrario no podía ser.
“El Gobierno Nacional no necesita intermediarios para hablar de paz en estos momentos”, dijo Santos desde Caucasia (Antioquia), donde realizaba un consejo de seguridad.
“Lo mejor a estas alturas es que no hagan nada, que no se metan, que esperen a que si el día de mañana, como lo hemos dicho tantas veces, se presentan las circunstancias adecuadas, pues ya veremos cómo procedemos”, advirtió con arrogancia Santos.
Para rematar, el Presidente aseguró que “lo más inconveniente es precisamente que comiencen a crear grupos de estudios, grupos de trabajo, a hacer propuestas públicas, porque eso no contribuye sino que, todo lo contrario, genera un ambiente negativo y contraproducente”.
Lo que el Presidente no menciona es que con esa misma retórica el país lleva más de medio siglo desangrándose.
Pero claro, no son sus hijos, ni los de la oligarquía que él representa, ni los de los generales, los que tienen que ir al frente de batalla exponiendo su vida, su integridad y su libertad, en aras de “defender heroicamente a la patria”, que no es otra cosa que las defensa de los grandes capitales nacionales y extranjeros.
Las lágrimas, el sudor y la sangre que va dejando la guerra son aportes exclusivos del pueblo colombiano.
Las astronómicas ganancias económicas y políticas que va dejando la guerra son usufructuadas exclusivamente por el Presidente, su ministro de Defensa, los altos mandos castrenses y la oligarquía nacional y extranjera, que ellos representan y defienden.
¿Qué razón tendrían entonces este par de personajes para apoyar las liberaciones y la paz?
Categorías: Comunidad - Derechos Humanos

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